Mientras el presidente municipal Diego Castañón Trejo se paseaba en la Ciudad de México y se tomaba fotos con legisladores y funcionarios federales, la economía y el turismo de Tulum se desplomaba.
Los cobros excesivos y abusos permanentes de todos los prestadores de servicios turísticos tuvieron consecuencias y hoy están a la vista: la temporada baja está llevando a Tulum al colapso económico.
Los llamados de auxilio de restauranteros y hoteleros a Diego Castañón, pero sobre todo las quejas constantes de los visitantes locales y extranjeros por el mal servicio y altos costos del destino, así como las manifestaciones para exigir accesos libres y gratuitos a las playas, provocaron apenas una tibia y engañosa respuesta del presidente municipal: acordar solo con 15 hoteles y clubs de playa el acceso libre por sus instalaciones sin que se tenga que pagar consumo mínimo para impulsar el turismo local. Días después de este pequeño acuerdo, el mismo presidente difundió un video en redes aclarando que si, que el acceso es libre, pero queda prohibido a los visitantes llevar agua, sombrillas, neveras, bebidas y alimentos. ¿Qué clase de acceso a la playa es ese?
El colapso de Tulum no se debe solamente a la inexistencia de accesos públicos a las playas debido a que tanto hoteles como restaurantes no han respetado los pasos de servidumbre que establece la ley; se debe también a la voracidad, abusos, cobros excesivos y malos tratos a los visitantes locales por parte de todos los prestadores de servicios.
Desde el taxista que cobra lo que quiere hasta los restauranteros que ponen altísimos precios a las bebidas y alimentos, pasando por las tarifas excesivas de estacionamientos y el pago obligatorio de propinas. Hay que sumar los fétidos olores en la zona hotelera, la desbordada inseguridad y las multas y “mordidas” de policías municipales. En Punta Allen, por ejemplo, cobran un dineral por entrar pero el camino de acceso es una brecha de baches intransitable.
De nada sirven los millones de pesos que se gastan en promocionar Quintana Roo si los turistas locales y extranjeros se llevan la peor impresión y prometen no volver nunca a Tulum por tanto abuso y hostigamiento.
Para salvar al municipio de esta catástrofe se necesitan soluciones de fondo y no las medidas engañosas que Diego Castañón presume como grandes logros
Para empezar, hay que abrir accesos libres y gratuitos a las playas, obligar a restauranteros y clubes de playa a no invadir los arenales con sombrillas y camastros; poner freno a los abusos de los taxistas, garantizar espacios para estacionamientos también gratuitos; capacitar a los prestadores de servicios para que no hostiguen a las personas y las traten con respeto; combatir la inseguridad pública y sancionar a los policías y funcionarios municipales corruptos; obligar a hoteles y restaurantes a conectarse al sistema de drenaje para eliminar los olores fétidos; impulsar un modelo de turismo diferente al que se ha seguido y, sobre todo, cambiar al presidente municipal, aunque y la lista sigue y sigue.
El colapso de Tulum debe encender las alarmas en el resto de los municipios que aún están a tiempo de tomar medidas correctivas pues, de lo contrario, puede ocurrir un negativo efecto dominó en todo Quintana Roo.










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