La democracia se funda en las libertades, la igualdad y en la protección y garantía de los derechos humanos, así como en la división de poderes.
Igual que muchas mujeres me he enfrentado, en muchas ocasiones, a una cultura patriarcal que pretende ubicarnos en un plano de inferioridad respecto a los hombres, en la cual se han normalizado estereotipos y roles de género que imperceptible o burdamente violentan a las mujeres.
Estamos inmersas en relaciones de poder donde el hombre, muchas veces, pisotea la dignidad de las mujeres. La violencia contra la mujer es histórica, y ahora se presenta en lenguaje de odio en las redes sociales.
Indudablemente hay avances: contamos con un sólido marco jurídico, así como con políticas públicas enfocadas a proteger y garantizar los derechos humanos de las mujeres, pero hace falta mucho por hacer.
Las múltiples manifestaciones de la violencia en contra de la mujeres, mantienen su nefasta presencia en muchas regiones del país.
En lo personal he sido víctima de la denostación y el ataque a mi vida privada.
Es indudable que aún nos falta mucho para alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres, pero una de nuestras herramientas indispensables es la SORORIDAD para desterrar la cultura patriarcal, que aún discrimina y violenta.
Claro que no se debe generalizar, ya que hay hombres valiosos que igualmente luchan por un mundo igualitario, pero las desventajas y desigualdades son históricas y abismales.
En pleno siglo XXI hay mucho por hacer para alcanzar una vida decorosa y digna para todos los seres humanos, sobre todo las mujeres; por ello, es necesario incrementar las políticas públicas, programas y acciones para enfrentar las aristas de la violencia de género, siendo fundamental intensificar las campañas de concientización.
A todas aquellas mujeres que están padeciendo algún tipo de violencia en su hogar o en su trabajo les digo que no están solas.
Existen diferentes vías para denunciar cualquier maltrato o tipo de violencia. La más inmediata es: Emergencias 911.
Estoy a sus órdenes en las oficinas de la Regiduría del Ayuntamiento de Playa del Carmen, donde me honro en presidir la Comisión de Derechos Humanos, para realizar cualquier gestión.
No permitas que nadie te atemorice o te calle.
Reitero: El camino es la SORORIDAD Y EL EMPODERAMIENTO.
Nunca más el menosprecio.
Nunca más el rol pasivo.
Las mujeres no somos frágiles ni mucho menos sumisas.
Hoy y siempre tenemos el control de nuestras vidas.










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