Carlos Joaquín, tercer informe /

Nicolás Durán
Nicolás Durán

El Minotauro /

Por Nicolás Durán de la Sierra /

A partir de1917, septiembre fue el mes designado para la rendición de cuentas del presidente en turno y, por extensión, de los mandatarios estatales; Juárez lo hizo oficial y luego Carranza le puso fecha. Así, hace casi un siglo que este mes se dedica a pasarelas políticas de alto vuelo. No siempre fue así, ya que Guadalupe Victoria, el presidente mulato, rindió el primer informe de nuestra historia independiente el 1 de enero de 1825.

Dejando las efemérides, por sabrosas que sean, como la que refiere que el informe más silbado fue el de Peña Nieto y el más loado el de López Portillo, o que Cárdenas fue el primer presidente en radiar su discurso o que a Fox los diputados le impidieron dar su discurso; fuera de todo esto, la pasarela de este año tuvo en lo federal y tendrá en lo estatal un evidente aliento popular, aunque eso sí con escenarios muy distintos.

El presidente López Obrador -quien envió el documento  a los diputados por medio de Olga Sánchez Cordero, la secretaria de Gobernación- regresó el rito al patio de armas del Palacio Nacional para luego viajar a Sonora, en tanto que en el estado el gobernador Carlos Joaquín rompió la etiqueta y rendirá su informe en la explanada del Museo del Mestizaje, frente a la Bahía de Chetumal, donde esperan la asistencia de unas cinco mil personas.

Llevar la escena fuera del Centro de Convenciones, sitio en donde por lo común se realizaba, resulta congruente con la política de cercanía popular que practica desde que llegó al poder hace tres años. Sus giras bajo el lema ‘Platícale al gobernador’ confirman el aserto. Lejos se antojan los días en los que un reciente mandatario se aromaba las manos con lujosos perfumes tras saludar a las comitivas rurales; decía que “la pobreza se pega”.

Como en el informe del presidente López Obrador, es de esperar que en el discurso del gobernador, más que en lo financiero, el punto flaco esté en la falta de mayor seguridad pública en Quintana Roo. No sobra decir que sin más presencia de la Guardia Nacional en el estado, por sí solo el Mando Único Policial no podrá enfrentar la violencia y rapiña de los cárteles de las drogas y sus ramificaciones hacia otros crímenes.