De frontera a frontera /

La temible invasión del sargazo /
La temible invasión del sargazo /

De frontera a frontera /

El Minotauro /

Por Nicolás Durán de la Sierra /

Esta vez no será uno sino dos los asuntos que incluya este comentario. Uno, que a todos nos afecta, es el amago de Donald Trump de cerrar la frontera sur de su país para frenar la migración ilegal a los Estados Unidos; el otro, el difícil traslado de la Secretaría de Turismo federal a Chetumal, una reubicación que más que gradual parece quimérica. 

Aunque el ultimátum de cerrar la frontera, antes que amenaza real se antoja como una prueba a la solidez del nuevo gobierno de México, pues el cierre también dañaría y mucho a las ciudades del sur de aquel país, las que tienen un gran intercambio comercial con sus pares mexicanas, pese a ello no hay que perder de vista a Trump, un gánster de la política internacional. 

Para que el lector se de una idea del flujo de bienes y servicios que se da en la frontera norte del país, sólo basta decir que al año se dan 300 millones de cruces legales y que sólo por la garita Tijuana-San Ysidro, en California, cruzan cada día unos 120 mil automóviles particulares, 15 mil camiones y 60 mil personas a pie. Se trata de la frontera más transitada del mundo. 

Por lo que toca a la llegada a Chetumal de unos pocos funcionarios de la federal Secretaría de Turismo, su arribo es, antes que nada, un gesto amable de López Obrador hacia el Estado de Quintana Roo, pues la instalación material y humana de tal instituto en la capital estatal, no será fácil de concretar en el corto plazo, y eso siendo optimistas. 

De hecho, la dirigencia sindical de la Sectur informó al inicio de la semana que no ha recibido notificación al respecto, aunque adelantó que la mayoría de sus trabajadores, por razones familiares, no quieren dejar la Ciudad de México. El proyecto de descentralización del gobierno federal es, desde luego, digno de aplauso, pero será difícil llevarlo a cabo. 

Hasta ahora, la llegada de la Secretaría de Cultura a Tlaxcala, ha significado más problemas que beneficios para los gobiernos federal y estatal. La muy añeja centralización del poder en México será muy difícil de superar de un día para otro, por más que se esgriman buenas intenciones y por más que se enfatice que la medida es necesaria y hasta urgente.