Por Raúl Caraveo
Los recientes movimientos en el Congreso; como el rechazo a la Reforma Electoral de Claudia Sheinbaum & Pablo Gómez, el Plan B, las reacciones de los patidifusos líderes de los partidos Verde y del Trabajo y otras exhibiciones de los liderazgos regionales y de los aspirantes locales ya en campañas soterradas ponen en evidencia varios elementos que no son menores y pintan de manera transparente su esencia.
En Quintana Roo todo lo anterior es un microcosmos que retrata de manera singular lo que la mayoría de los ciudadanos no queremos y una minoría privilegiada si desea seguir conservando.
La Reforma Electoral nació muerta -y eso lo sabían sus creadores- pero en su defunción se llevaría (también lo sabían) por delante el descrédito y la vergüenza nacional de los partidos aliados de Morena. Así mismo representaría el primer paso de la gran campaña nacional por el 2027 y 2030; si en varios estados de los 17 en los que habrá elecciones muchos gobernadores y gobernadoras ya perfilaban desde mucho antes a sus candidatos personales preferidos, ¿cómo podría ponérsele un alto a este desgarriate?
El uso político de los partidos Verde Ecologista y del Trabajo en beneficio de sus personajes desde el momento de la administración de los recursos públicos como en el perfilamiento de potenciales candidatos y desde las cúpulas de poder en los Congresos Locales y por parte del mismo aparato de gobierno es una realidad que ha marcado el objetivo poco alcanzable de la unidad a toda costa de Morena y de los principios de la Cuarta Transformación. La vuelven letra muerta.
Claudia Sheinbaum y su equipo sabían que la Reforma no sería aprobada pues para el PT y PVEM era darse un tiro de gracia, un suicidio asistido. Como grupos de poder y presión los aliados electorales pervierten y dividen más -cada día- la unidad anhelada de Morena y del obradorismo.
Y lo anterior lo ratifica las determinaciones mas recientes del Consejo Nacional de Morena para la selección de los “Coordinadores de la densa de la cuarta transformación” que serían los virtuales candidatos a las 17 gobernaturas a elegirse en 2017 proceso en el que no será únicamente el resultado de la encuesta sino una evaluación más profunda, más cerrada y personalizada en la que naturalmente el hilo conductor lo llevará la presidenta, no solo de Morena Luisa María Alcalde, sino más aún la presidenta Claudia
Sheinbaum. Por todos los frentes la concentración responsable del poder en éste gran paso electoral no puede dejarse a la ligera en manos de grupos de poder poco fiables.
En este sentido la estabilidad soñada, la ilusión política del control político de la elección por parte de los gobernadores y gobernadoras sufre un descalabro; Quintana Roo es el ejemplo más elocuente, más ilustrativo. Claudia Sheinbaun retoma el control de las sucesiones, pero sin crear conflictos internos, el primer ejemplo de la falta de lealtad a los principios es la derrota de la Reforma electoral en la cual PVEM y PT no apoyaron; el segundo paso por su control de daños de los verdes y pepetos es querer ser fieles aliados en el Plan B, pero no es suficiente.
Al descobijarlos los dejaron desnudos y ni con discursos encendidos o delirantes por exponerse como muy conscientes y comprobados morenistas o defensores de los principios de la cuarta transformación “de hueso colorado” pueden resarcir el daño autoinfligido. Quintana Roo ha padecido gobernadores de la más baja ralea que han querido desfondar el estado, pero no lo han logrado. El ciudadano de Quintana Roo conoce muy bien esas historias y la repetición de las mismas historias una y otra vez. En Quintana Roo han querido manejar embrionariamente y desde muchos meses de anticipación el perfil de un solo candidato aspirante a gobernador y es solo un ejemplo a nivel nacional de lo que no se debe hacer y también del efecto de golpe de timón que la presidenta Sheinbaum tiene que hacer para no perder el control y liderazgo de los principios y ruta de Cuarta Transformación. Que sirva de ejemplo y lección para evitar mayores daños al interior de movimiento de regeneración nacional para que no se pierda la brújula ni el sextante.
Los analistas locales quedaron sin palabras. La derecha nacional tampoco reconocerá el significado de los movimientos para mantener el control. Querían un golpe de mando; ahí lo tienen.









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