Por Danna Ramírez
La violencia y el acoso en los espacios educativos tienen consecuencias devastadoras para los niños, niñas y adolescentes que los padecen. No sólo decrece su rendimiento y genera deserción escolares: origina padecimientos crónicos como la ansiedad, el miedo, inseguridad, baja autoestima, impactando negativamente el libre desarrollo de la personalidad de las víctimas, que pueden llegar hasta el suicidio.
Generalmente es un maltrato sistemático, de una o más personas en contra de una misma, a la cual se le agrede velada o abiertamente, utilizando burlas, insultos amenazas, que van escalando hasta llegar a violencias más agresivas.
Su presencia es terrible. A escala mundial, la UNICEF informa: “Casi uno/una de cada tres estudiantes fue víctima de acoso en el mes previo a la encuesta. Los datos disponibles de todas las regiones muestran que el 32% de estudiantes fueron víctimas de alguna forma de acoso por parte de sus compañeros o compañeras en una o más ocasiones durante el mes anterior a la encuesta”
En México, de acuerdo al INEGI, (Encuesta Nacional sobre Discriminación (ENADIS) 2022), de las 11.7 millones de personas de 12 a 17 años que asistían a la escuela en México durante 2022, el 28% fueron víctimas de acoso escolar en los últimos 12 meses, elevando a 3.3 millones de estudiantes la cantidad de víctimas de esta forma de violencia en el país.
Asimismo, de acuerdo a la organización no gubernamental internacional Bullying sin Fronteras, en nuestro país, 7 de cada 10 alumnos de primaria y secundaria han sido víctimas de acoso escolar .
Estos datos son impactantes.
El acoso generalmente tiene como origen la discriminación por la orientación sexual, identidad de género, nacionalidad, situación migratoria, etnia, sexo, condición socioeconómica, condición de salud, discapacidad, creencias religiosas, prácticas basadas en estigmas sociales, de las personas. Es decir, vulnera el derecho a la no discriminación, entre otros.
Considero que las redes sociales y digitales amplifican el acoso, dado que las agresiones, actos de molestia, burlas, entre otras, traspasan los espacios escolares, y están presentes todos los días y todas las horas del año.
El ciberacoso o ciberbullying es una realidad, ya que las niñas, niños y adolescentes desarrollan prácticamente todas sus actividades, acciones, mediante el uso de plataformas digitales.
Esto es así, porque generalmente cuando hay acoso directo contra un niño o niña, el paso siguiente es denostarlo en el espacio digital, mandando fotos por WhatsApp, subiendo imágenes a redes, más que pueden generar páginas apócrifas.
Reitero: El acoso es abuso de poder. Su pretensión es humillar, degradar, a las personas. De ahí la importancia de visibilizarlo, sobre todo porque es un enemigo que suele ser silencioso y pernicioso. Su maldad fomenta una terrible soledad, depresión, que puede generar enfermedades físicas y mentales.
El 2 de mayo se conmemora el “Día Internacional Contra el Acoso Escolar” conocido como “bullying”, pero todos los días deben de ser propicios para luchar contra este complejo fenómeno social, sobre todo en nuestros hogares, donde es esencial, observar, orientar, a nuestros hijos, hijas, familiares, conocidos, sobre el respeto a los derechos humanos, a la dignidad humana, que debe ser una práctica cotidiana. Todos somos un universo, por tanto, somos únicos y diferentes.
Más que hablar del marco jurídico y protocolos que se han venido perfeccionando, en este espacio quiero subrayar la importancia de las compañas de concientización en todos medios y espacios, y no solamente en la escuela. Como lo comenté, el ámbito familiar, el hogar, juega un papel decisivo. El dialogo y la comunicación es imprescindible.
Como presidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Ayuntamiento de Playa del Carmen, y en sintonía con el equipo de trabajo que hemos formado con mis homólogos Uri Carmona Islas y Javier Renan Santos Morales Islas, hemos forjado la visión de trabajar a nivel de territorio con todos los grupos sociales y ciudadanía en general, a los cuales se les han impartido pláticas, cursos y conferencias, en materia de derechos humanos, y en específico hemos acudido a planteles educativos para sesionar y abordar temas de interés como el que estamos comentando.
También es fundamental forjar políticas públicas y acciones, poniendo especial énfasis en campañas de concientización y prevención.
Fomentemos los valores de respeto de los derechos de las niñas, niños y adolescentes.
Digamos no a la violencia de cualquier índole.
Todas, todos y todes tenemos derecho a una vida libre de violencias.







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