Nicolás Durán de la Sierra
Hace uno pocos días Atenea Ricalde, alcaldesa de Isla Mujeres, en interesante entrevista tranquilizó al pueblo isleño al señalar que su administración no autorizará más proyectos de construcción en la ínsula, con lo que se cancela la posibilidad de destinar la aeropista del centro de la localidad a fines inmobiliarios de lujo. En pocas palabras, se salvó Isla Mujeres.
La postura de la edil es, desde luego, aplaudible. Pese a las presiones de todo tipo que debe haber sufrido, desde las políticas a las empresariales, pues edificar allí 500 nuevas viviendas sería un gran negocio, ella opuso el sentido común a los intereses de unos pocos, lo que no es frecuente en estos tiempos en los que las autoridades se confunden con gerencias mercantiles.
Avalar este proyecto de vivienda, ofrecido en especial al empresariado turístico, significaría el colapso de todos los servicios públicos de Isla Mujeres, ya de por sí con flaquezas graves en energía eléctrica, basura y agua potable. “La realidad es que no hay para donde crecer, son siete kilómetros (de ínsula) que ya dieron todo; ya no hay pa’dónde más” sentenció la alcaldesa.
Así pues, enhorabuena por Isla Mujeres y por su edil Atenea Ricalde.
En otro tema, debe aclararse que si de algo no se puede culpar a la legislatura actual es de carecer de sentido del humor; involuntario, cierto, pero visible en las más de sus sesiones, en especial en las que reforman leyes que ellos mismos recién habían reformado (una suerte de re-reforma) y luego quieren vender la enmienda de sus propias pifias como avances democráticos. Joyas.
Van dos ejemplos: la que garantiza las manifestaciones populares en libertad, contenidas en la Carta Magna y por tal irrenunciable; y la de expropiaciones, objetada por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos por sus ambigüedades entre otros yerros que alarmaron al sector privado, que se irritó con esta re-reforma apenas del pasado enero.
Para nuestro solaz, ojalá que San Carlos Felipe Fuentes, patrono de las consejerías jurídicas e ilustre caballero de la Orden Alfredo del Mazo los ampare y siga guiando.
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