Las redes sociales son un poderoso instrumento de comunicación social. De manera instantánea y sin fronteras podemos conocer todo tipo de acontecimientos.
Pero tienen un lado sumamente negativo: propician desinformación, difunden “fake news”, y mensajes plagados de expresiones que incitan a la violencia y son altamente discriminatorias, contrarias a los derechos humanos de las personas que son agredidas.
El discurso de odio tiene otras vías de difusión, pero generalmente las redes sociales son el conducto idóneo, ya que muchos de las publicaciones, mensajes y videos se amparan en el cobarde anonimato.
De acuerdo a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el discurso de odio es: “cualquier tipo de comunicación ya sea oral o escrita, —o también comportamiento— , que ataca o utiliza un lenguaje peyorativo o discriminatorio en referencia a una persona o grupo en función de lo que son, en otras palabras, basándose en su religión, etnia, nacionalidad, raza, color, ascendencia, género u otras formas de identidad”.
Así, el discurso de odio tiene tres características:
1). Se puede materializar en cualquier forma de expresión, incluidas imágenes, dibujos animados o ilustraciones, memes, objectos, gestos y símbolos y puede difundirse tanto en Internet como fuera de él.
2). Es “discriminatorio” (sesgado, fanático e intolerante) o “peyorativo” (basado en prejuicios, despectivo o humillante) de un individuo o grupo.
3). Se centra en “factores de identidad” reales o percibidos de un individuo o grupo, que incluyen: “su religión, etnia, nacionalidad, raza, color, ascendencia o género”, pero también en otras características como su idioma, origen económico o social, discapacidades, estado de salud u orientación sexual, entre otras muchas.
Una sociedad democrática es tolerante, respetuosa de las diferencias y se basa en el respeto y protección de los derechos humanos de todas, todos y todes, siendo fundamental hacer realidad el derecho a la no discriminación y a la igualdad, que es la piedra angular para la instauración del sistema de derechos humanos, que protege y garantiza a los grupos históricamente vulnerables.
No permitamos que en nuestro radio de acción y en el desarrollo de nuestras cotidianas actividades, se propague el discurso de odio.
Promovamos narrativas en favor de los derechos humanos, dandole voz a las comunidades y personas y grupos en situación de vulnerabilidad.
La educación y la cultura de la no violencia, la empatía y la solidaridad es fundamental.
Es imprescindible generar conciencia sobre los efectos nocivos del discurso de odio y contra todos los tipos de violencia.
Vivir tranquila(o) también es tu derecho.










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